Organizadores y algunos de los participantes nos cuentan, a toro pasado, la experiencia de rememorar una de las rutas clásicas más espectaculares de nuestro país.
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Desde la tranquilidad que supone el trabajo hecho y visto ahora desde esa perspectiva, algunos de sus protagonistas nos hacen un repaso mental de la reeditada Transpirenaica que el Club Terra Yamaha ha recuperado para su socios y amigos y que los ha llevado desde el mar Mediterraneo al Cantábrico serpenteando por el inmenso, cambiante y siempre sorprendente Pirineo.
Eran casi las 8 de la tarde del dia 15 de Mayo, en el Hotel Llafranch, cuando estaba tomando una caña y hablando con “Rambo” de este gran raid. Él, además de propietario del Hotel, es un auténtico apasionado del off road. Hace años que acumula kilómetros bajo su trasero desde los montes de su querido Empordà hasta los desiertos de Marruecos, pero coincide en que esta es una de las excursiones mas míticas y bonitas que ha nunca se han hecho. Recordamos ahora con nostalgia las primeras excursiones partiendo de Llafranch, por entonces la llamábamos “La Dos Mares”, nos viene a la cabeza El “Coktel Rambo”, el buen rollo, la fiesta previa a la partida…
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Para esta edición nuestro objetivo era recuperar el espíritu de la “Transpi”, hablando y hablando van saliendo las anécdotas que hacen de una ruta una rica experiencia. Como la visita al pueblo de Gósol, a pies del Pedraforca, una montaña singular y preciosa en la sierra del cadí, o el primer contacto con la nieve cerca de Andorra. “La subida por la parte de La Rabasa es difícil y casi siempre se llega de noche”, aventuró. “Después de cruzar el pequeño país pirenaico lo peor es ir por Os de Civis, la nieve está asegurada, casi nunca se puede pasar”, pero la verdad es que valía la pena circular por los pequeños pueblecitos. Si no se podía pasar por arriba siempre encontrábamos un caminito en una cota mas baja, entre bordas y prados que nos cruzaba hacia la Vall Fosca, eso si, antes visitando la Ermita de Santa Magdalena. “Una vez, creo que en la “Transpi” del 2002, uno de los quads tuvo un problema, malpinchó una rueda, iba el último y se quedó casi una hora sólo por que el guía no se dio cuenta”, comenté.
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El vaso de cerveza se vaciaba, él mismo le dio a la palanquita y volvió a llenarlos mientras comentaba la subida desde Llessuí por debajo de los viejos telesillas hasta la cota 2000 y pico. “Otro sitio donde las lenguas de nieve nos fastidiaban el paso. Mira que lo intentábamos a base de palas pero era complicado. Incluso, de empujar y hacer sufrir los vehículos, se calentaban hasta sacar el agua del radiador. Muchas veces no nos quedaba mas remedio que comer algo allí mismo o bajar al restaurante. Por cierto, que bién se come en Llessuí”. Seguimos comentando que los paisajes en el pirineo de Huesca son impresionantes. “Era el sitio donde normalmente hacíamos algún buen trozo de carretera”. Las montañas son tan cortadas, hay tantos acantilados y cañones que nos obligó a pasar por la carretera. “El cañón de Añisclo es espectacular”, apuntó Rambo con ilusión. “Si, si, es una pasada, que salvaje”, le dije. “Una vez cruzábamos el puerto de Sahún, cuando podíamos por la nieve, se sucedían los bosques, los caminos pedregosos hasta llegar a Sabiñánigo y después Jaca”. Por aquellas alturas de travesía, el cansancio ya es latente, pero la ilusión de conseguir el objetivo puede mas que nada.
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Rambo me confesó que en una ocasión, uno de los grupos tuvo que rescatar un quad que cayó por un barranco de mas de 10 metros. “Que despiste” me dijo sonriendo. Se ve que el piloto, con que en estos caminos peligrosos se va muy despacio, cuando vio que el quad se torcía al pisar una mala piedra, salto y no se hizo nada. Pero bueno, tirando de cabrestante, entre varios forzudos, consiguieron sacarlo. “Si hubiese sido un Grizzly seguro que no se habría hecho nada”, nos reímos.
La segunda caña estaba a punto de caer. Se acercó Miguel, que ya ha hecho alguna que otra “Transpi” y dijo: “de todas formas, no hay nada como la zona de Navarra. Solo el olor a tierra húmeda, los bosques frondosos, las casas, los pueblecitos de montaña, todo esto es espectacular”. Y seguramente tenía razón. Los tres habíamos hecho el recorrido en varias ocasiones y teníamos la misma ilusión que el primer día. No pudimos dejar de recordar la llegada a Roncesvalles, el bosque de Irati y los quilómetros de asfalto blanco entre pequeños pueblos y verdes prados del País Vasco francés. Hasta me acordé de una trialera al poco de salir de Orbaiceta. Un camino que se iba estrechando, lleno de grandes piedras que terminaba en la cima de una colina espectacular. Que maravilla.
La cena estaba preparada, al día siguiente teníamos que salir a las 10 de la mañana. Después de la espléndida comida tomamos algo en la zona del bar y evidentemente Rambo hizo de las suyas. A partir de ese momento se repitió la historia.
Gracias a los participantes: Josep, que no pudo tomar la salida por causas mayores, Miguel que se accidentó y al tuvimos que rescatarle el Grizzly del barranco, Francesc, al que le gustaban demasiado los charcos y el agua, Xavi, que vivió su primera experiencia dejando el pabellón de los del Penedés bien alto, Joe (un hombre sabio a un ATV pegado), Javi, de Cádiz, que demostró una habilidad innata con el pequeño Wolverine; a la gente de Madrid, encabezada por Willy de MOTO LOOK y acompañado por Paco, Jesús y el gran Mariscal Puchol, unos tíos increíbles que llevaron sus 4 Grizzlys juntitos, a buen ritmo y que le dieron a la excursión en contrapunto alegre. Gracias a Jordi que realizó pocos pero intensos quilómetros con el Rhino, a Marc de Yamaha España (estrenó un Rhino, que también pueden pichar, y se quedó un buen rato solo tras discutirse con una piedra bien gorda del camino y le hizo que hervir… el agua del radiador, todo un profesional) y por supuesto a Tono nuestro médico y Andreu que nos asistieron sobre un Toyota durante la travesía, otros dos personajes entrañables. Jepi de 4XQuad, el mecánico que demostró su capacidad resolutiva sobre la marcha, y Christoph Del Bondio guía y responsable de un track extraordinario, que aportó su experiencia y buen hacer transmitiendo siempre tranquilidad a los participantes.
Los 17 participantes, al final amigos, llegamos el día 21 de mayo a las playas de Hondarribia cumpliendo el ritual de una de las mejores experiencias. La próxima aventura en tierras rumanas, allí estará Yamana.
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Texto y fotos: Josep Ricós - Club Terra Yamaha